UN DÍA CADA VEZ

Un día cada vez

Hay periodos de la vida que son dificilísimos de vivir, tienes la sensación de estar en un túnel y no ver la luz del otro lado. Cuando vivimos situaciones que nos estresan o nos hacen estar tristes y angustiados realmente el tiempo parece que se para y podemos llegar a sentir que no hay salida, que hemos llegado a un “cul de sac” y no podremos salir de allí.

Pero ya sabemos que siempre se sale del túnel, que el tiempo no se detiene, que los días pasan y al final llega siempre ese día en el que a veces sin saber cómo y otras veces a base de mucho esfuerzo, todo aquello que nos preocupaba tantísimo quedó atrás.

Porque la vida está formada por periodos en los que todo (o casi todo) va bien, y otros en los que las cosas no van bien para nada. Sabemos que todo lo que empieza tiene que acabar un día y de lo que se trata cuando las situaciones nos parecen muy complicadas de sobrellevar es de recordar justamente que eso que es un gran problema dejará de serlo en algún momento.

Sin embargo, cuando estamos en plena batalla emocional, de poco sirve saber que tarde o temprano saldremos de ese malestar. Igualmente debemos vestirnos por la mañana y salir a trabajar, volver a casa, comer, volver al trabajo, y un montón de quehaceres más que pueden requerir un enorme esfuerzo por nuestra parte al no sentirnos felices.

¿Sabéis lo que me funciona a mi cuando estoy atravesando uno de esos momentos duros? Vivir un día a la vez. Centrarme en lo que tengo que hacer ese día nada más, como si no fuera a haber otros. Y aun hago más, me centro en el ahora, en el instante que estoy viviendo sin pensar en nada más que en lo que tengo entre manos en ese momento: ducharme, vestirme, desayunar, salir, etc. No voy más allá. No me digo “mañana tengo que o voy a”, y “el fin de semana tengo que, o va a pasar esto”.

Cuando las cosas no van bien en mi vida solo me siento capaz de vivir la próxima hora, y cuando llega a su fin vivo la siguiente más y así hasta que realmente recobro las fuerzas para o bien hacer frente al problema o bien aguantar hasta ese día en el que inevitablemente la situación ha mejorado.

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