ALMA DE NIÑ@

Llega la Navidad y con ella un montón de sentimientos encontrados, estrés por saber dónde las vamos a pasar y cómo. Corremos a hacer las compras de última hora y sonreímos al pensar la cara que va a poner alguno al abrir ese regalo tan chulo que hemos comprado, “no se lo espera” pensamos. Aún nos queda comprar los ingredientes para la cena del 24 o la comida del 25 y no hemos decidido del todo el menú. También nos esforzamos en quedar bien los unos con los otros y vamos por ahí diciendo “felices fiestas” al salir de los comercios o al encontrarnos con conocidos aunque no tengamos una estrecha relación.

La Navidad es una época con sabor agridulce para algunos. Desde la alegría por rencontrarnos con aquellas personas que hace tiempo no vemos hasta la nostalgia de aquellas que han dejado un vacío en nuestras vidas al irse.

Sin embargo, como todo en la vida, si somos capaces de ver todo lo bueno que tenemos en este instante podremos encontrar una razón por la que festejar e ilusionarnos, aunque solo sea un poquito.

A mí me gusta mirar la Navidad a través de los ojos de un niño, maravillándome por las luces en los escaparates, en los monumentos, en las calles. Y sonrío al ver el árbol de navidad: tan blanco y brillante, rodeado por unos cerditos de colores (los que vivís en Lalín sabéis a qué me refiero) deseosa de abrir los regalos rasgando el envoltorio.

Si tienes hijos pequeños prueba a mirar lo que te rodea a través sus ojos, ríete con ellos y disfruta de entender el mundo a su manera. Contágiate de su alegría, de la emoción con que viven los días de fiesta. Ya se que a veces son como terremotos, que no paran, que en estos días tu también puedes tener problemas o sentirte cansado pero si haces ese simple ejercicio una vez al día de mirar lo que te rodea con el entusiasmo de ellos, veras que te sentiras mucho mejor para seguir adelante. 

Independientemente de la edad que tengan hazles participar en los preparativos navideños, en las compras, en la elaboración de la cena. Pídeles su opinión, aprovecha estos días de fiesta para escucharles “con el corazón”, para pasar tiempo de calidad con ellos, para acordar soluciones cara al nuevo año sobre los retos diarios y recuerda que siempre, incluso en Navidad, podemos enseñar a nuestros hijos valiosas habilidades de vida.

Para estas fiestas os deseo a todos un alma de niñ@.